Como en la introducción de este manual se cuenta un cuento, en esta ocasión voy a comentar una anécdota histórica. Al borde de la muerte, Alejandro Magno convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:

  1. Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por sus mejores médicos.
  2. Que los tesoros que había conquistado (plata,oro, piedras preciosas) fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y…
  3. Que sus manos quedaran abiertas y a la vista de todos.

Estas peticiones fueron cuestionadas a lo cual Alejandro, respondió:

  1. Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
  2. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
  3. Quiero que mis manos permanezcan abiertas, para que las personas puedan ver que
    venimos a este mundo con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.

Ambas historias nos comunican lo mismo, pero hay que entenderlas bien. No hablan de ninguna manera de que para ser feliz tengas que ser pobre. A uno de los más grandes banqueros de todos los tiempos, al Barón Rothschild, le atribuyen el aforismo que dice que el dinero no da la felicidad pero ayuda a conseguirla. Tienes que tener
muy claro que los bienes materiales no pueden ser el fin, no pueden ser el objetivo principal de nuestra vida. Pero son los medios que la facilitan y que pueden hacerla más agradable.

Conozco algunas personas que tienen mucho dinero y tratan de ganar más, incluso ahorrando consigo mismos. No se permiten lo básico y lo sencillo, intentan no comer fuera, no salir, no comprar cosas “caras”, gastan siempre lo mínimo imprescindible.
Teniendo esta ingente cantidad dinero son pobres y cualquier empleado suyo, teniendo mucho menos, es más rico que ellos. La cuestión del dinero es bastante delicada, merece que se le dedique un libro aparte. Pero resumiendo, te intentaré proponer
varias reglas básicas.

No es bueno obsesionarse con el dinero. Haciendo cualquier negocio, realizando cualquier trabajo, el dinero no debería ser el único fin o prioridad absoluta para realizar la tarea. El elemento económico es un motivo muy importante para la
realización del trabajo, pero si no te gusta lo que haces, no obtienes satisfacción con la tarea realizada.

En primer lugar es malo para el propio trabajo, porque si no te gusta lo que haces, no podrás hacerlo bien y otra persona a la que le gusta este tipo de
tarea, lo hará mejor.

Aparte, si no estás satisfecho con lo que haces de ninguna forma puede ser bueno para ti: estrés, depresión y otras enfermedades a menudo son producto directo de la angustia en el trabajo; y el dinero que recibes a cambio normalmente no puede recompensar estos problemas de salud ni los problemas emocionales que acompañan a la realización de algo que tanto detestas o, simplemente, no te gusta.

Si no estás contento con la ocupación que desarrollas, si lo haces sólo por dinero y no te gusta lo que estás haciendo, hay que cambiar de ocupación, y buscar algo que esté más acorde con tu carácter, tus deseos y, aparte de que te proporcione los medios de vida, pueda darte satisfacción personal.

Haz lo que te guste y tendrás el dinero que te hace falta. Hay que disfrutar de lo que haces para generar tu propia riqueza. Busca un trabajo que te brinde satisfacción, y cuanto más satisfecho estés mayor capacidad para generar dinero tendrás.

Esto es un extracto del libro “La Camisa del Hombre Feliz” de Yuri Chuguyev.